«¡Hola, feed de cicatrices expuestas! Mi primera presentación fue en un grupo de Alcohólicos Anónimos: ‘Mi nombre es @NiTanAdicto, alcohólico y adicto.’ En ese momento no lo sabía, pero estaba firmando el contrato de mi ruina premium, no mi esencia real.
Salí del anonimato porque las cicatrices pedían micrófono, y comprendí que el dolor también busca viralidad. Alcohólico, adicto a sustancia y compañía pagada (porque nada ‘cura’ como un abrazo con timer), pero también padre de mini-espejos, hijo de mis vacíos, hermano de recaídas y humano en modo antiterapia full-time.
No siempre consumí para volar alto. A veces lo hacía para no sentir el suelo —para llenar un vacío con mi firma y apellido. Buscaba amor, pero lo disfrazaba de deseo en moteles. Buscaba calma, pero encontraba pipazos pixelados. Buscaba conexión, pero compraba atención con contador regresivo. Cinco centros de rehabilitación después (conductuales con ‘ta mal’ gritones que elevan cortisol, cognitivos que explican dopamina como la gran estafadora), recaídas que parecían reboots fallidos… aquí estoy, escribiendo antiterapia.
Me duele escribir, sufro mostrar lo que fui, me culpo al recordar, me angustia la idea de caer otra vez, me hiere haber herido, me duele escribir… pero mis cicatrices pidieron hablar y aquí sus palabras. Nacida en rehabilitación, esta antiterapia es mi antipoesía terapéutica: verso crudo contra el vacío, sarcasmo como escudo, neurociencia callejera como arma. Donde la vergüenza se vuelve meme viral, la ruina un espejo, y la verdad no busca likes, sino catarsis con punch.
No busco dar lecciones (eso es para feeds santos). Busco comprenderme mientras posteas, potenciar la antipoesía que salva y la antiterapia que duele pero sana. Si algo de lo que lees te incomoda, te refleja o te hace pausar el scroll… tranquilo, ya empezó la antiterapia. ¿Tu culpa del día? Comenta abajo.



